¿Qué pueden hacer las empresas en favor de la democracia?

En la nueva era digital, muchos de los consumidores tienen más confianza en las empresas que en los gobiernos y autoridades. ¿Cómo pueden las compañías usar esa influencia para mejorar y fortalecer las democracias?

En la nueva era digital, muchos de los consumidores tienen más confianza en las empresas que en los gobiernos y autoridades. ¿Cómo pueden las compañías usar esa influencia para mejorar y fortalecer las democracias?

Los defensores de la democracia alrededor del planeta enfrentan una difícil batalla por la libertad, los derechos humanos y la democracia. El informe Freedom in the World 2021, producido por la ONG Freedom House, muestra que el autoritarismo creció en el mundo durante 2020 y que, en muchos países, los líderes han usado la excusa de la pandemia del Covid-19 para reprimir protestas y manifestaciones contrarias a sus gobiernos.

Un gran ejemplo de ese movimiento ocurrió a principios de 2021, más exactamente el 6 de enero, cuando miles de personas invadieron el Capitolio en Washington D.C (Estados Unidos) con el objetivo de impedir que Joe Biden asuma como el 46o presidente de la historia de los EE. UU. En medio de ese caos, cinco personas terminaron muertas.

Lo que pasó al poco tiempo fue algo históricamente sorprendente. Muchas compañías y CEOs estadounidenses condenaron el ataque públicamente. “El caos que ha ocurrido en la capital de la nación es el resultado de una serie de esfuerzos ilegales para tratar de revertir los resultados legítimos de una elección democrática, dijo en ese momento la organización Business Roundtable, una asociación que reúne a las principales compañías de EE. UU. “Nuestro país merece más. Llamamos al actual presidente y todos los oficiales de Gobierno a ponerle fin a este caos y facilitar la transición pacífica del poder”, completaba el comunicado.

Declaraciones como esta forman parte de un nuevo movimiento donde los líderes del mercado actúan para preservar y fortalecer a la democracia. Luego de décadas donde la filosofía de las empresas era simplemente the business of business is business o, en castellano, “El negocio de los negocios es el negocio”vale preguntarse si la corriente está cambiando y si vale la pena pasar por esa transformación. 

La confianza vende 

El informe 2021 Trust Barometer, de la consultora Edelman, revela que las empresas son actualmente la institución con más confianza del público en EE.UU, alcanzando un 81% de confianza entre los entrevistados, contra 53% del Gobierno y 51% de los medios de prensa.

 

El reporte de Edelman también revela que el 86% de los entrevistados esperan que los CEOs de las grandes compañías manifiesten sus opiniones sobre temas sociales y políticos, mientras el 68% afirma que esos profesionales deberían intervenir cuando el gobierno no actúa para solucionar los problemas de la sociedad.

¿Cómo eso se refleja en la práctica? En 2017, la marca Patagonia, especializada en ropa y accesorios para deportes de aventuras, se mostró contra los esfuerzos del gobierno federal de los EE. UU por legalizar la perforación y construcción de oleoductos y gasoductos en tierras públicas, lo que reduciría el área de múltiples parques nacionales. La marca incluso hizo toda una campaña publicitaria en favor de los parques, con un documental y una petición pública sobre el tema, además de contactar a algunos políticos para tratar del asunto.

Leadership Now Project es una organización fundada por un grupo de ex-alumnos de la Escuela de Negocios de Harvard que busca disminuir la distancia entre el mundo corporativo y la política, con el objetivo de colaborar en el fortalecimiento de la democracia estadounidense. Su fundadora y CEO, Daniella Ballo-Aares, afirma que los problemas políticos y sociales son demasiado importantes para ser simplemente ignorados por las compañías, especialmente en un momento en el cual la confianza en esas marcas está en ascenso.

El público espera que los CEOs se manifiesten sobre los problemas de la sociedad. Más que una expectativa, este tema se ha convertido en una responsabilidad. Los propios CEOs reconocen que no hay forma de avanzar con los negocios sin una democracia sana y estable.

Daniella Ballou-Aares, co-fundadora y CEO, Leadership Now Project

Leadership Now no está solo. De hecho, es solo uno de los múltiples grupos que han surgido para guiar a los líderes y empresarios que quieren involucrarse con estos temas. Civic Alliance y el Business for America son otras dos asociaciones que ayudan a las compañías a defender el derecho al voto, asegurar que las políticas internas de las empresas den a sus empleados tiempo para votar y que estas iniciativas estén alineadas con el bienestar social.

Ballou-Aares también afirma que la propia pandemia hizo que la confianza de las personas en las empresas aumentara. Hubo un momento en el cual los trabajadores de distintos sectores miraron hacia sus jefes en búsqueda de un liderazgo seguro, dentro y fuera del ambiente laboral. Leadership Now incluso declara que ve en ese cambio una oportunidad para que las empresas marquen su posición en favor de la democracia.

Sin embargo, acciones como las propuestas por Leadership now también pueden tener consecuencias negativas si las compañías mantienen sus inversiones o su apoyo a personas y causas vistas como antidemocráticas. En el panel “Conferencia sobre Corporaciones y Democracia”, realizado en diciembre del 2020 por la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, se debatió el tema con foco en las posibles trampas que las empresas pueden encontrar y cómo evitarlas.

“Este es un problema de gestión de riesgos. Las juntas de las compañías tienen la responsabilidad de gestionar los riesgos y definir las bases en las que cada empresa debe posicionarse en relación con cuestiones políticas y sociales para asegurarse de poner a sus negocios en una situación peligrosa”, declaró en el panel Bruce Freed, presidente de la organización Canter for Political Accountability con base en Washington D.C.

En algunos casos, apoyar a la democracia también ayuda a las empresas a tener buenos resultados financieros, como dejó probado el caso del Yellow Economic Circle de Hong Kong. El círculo se trata de una serie de restaurantes y de otros proveedores de servicios que se declararon en favor de los derechos del pueblo local durante la última ola de protestas en contra de la opresión del gobierno chino, en los primeros meses de 2020. Como la pandemia del Coronavirus no dejaba que los manifestantes pro-democracia salieran a protestar a la calle, la población decidió manifestarse apoyando y comprando en locales que se habían comprometido desde antes con la causa.

“Tal vez no podemos salir a la calle a protestar, pero apoyar esos establecimientos en nuestro día a día es algo que todos pueden hacer“, dijo Mary Ma, uno de los manifestantes, en una entrevista para la cadena Reuters en mayo del año pasado.

Pero, aunque las marcas tengan la confianza del público, entrar en la conversación sobre política sigue siendo un riesgo. Leadership now, Civic Alliance y Business for America reconocen la presión sufrida por los líderes para construir alianzas relevantes y significativas.

“Las marcas tienen cierta presión por ser vistas como agentes políticos, aún cuando su posición ya es muy clara. Sin embargo, tenemos una coalición de empresas y asociaciones que están definiendo los estándares mínimos para marcar qué es ser un defensor de la democracia, cuales son las demandas y cómo todo eso funciona en la práctica”, añade Ballou-Aares.

Del capitalismo de vigilancia a la tecnología humanizada

Al mismo tiempo en que las compañías empiezan a pensar en maneras de apoyar a la democracia, también deben dar un paso atrás y tratar de entender cual puede haber sido su rol en favorecer a la polarización y abrir espacio para que la desinformación se haya propagado tanto en los últimos años.

En su libro “La Era del Capitalismo de Vigilancia” (“The Age of Surveillance Capitalism, en inglés), la psicóloga social Shoshanna Zuboff, que también es profesora en Harvard, argumenta que la publicidad y las redes sociales son utilizadas para manipular a los consumidores y priorizar al máximo las ganancias en contra de la democracia, de la libertad e incluso de la propia naturaleza humana.

Así como en el documental “El Dilema de las Redes Sociales“, uno de los grandes éxitos de Netflix en el 2020, el libro de Zuboff afirma que las redes sociales transformaron la atención humana en un producto. Las marcas compran esa atención con anuncios digitales híper-personificados, utilizando datos recolectados por las propias redes sociales y usando mecanismos de rastreo para entregarle a esas personas contenidos que las hagan permanecer por más tiempo en esas páginas. Esto prueba que lo que nos mantiene adictos a las redes sociales no es necesariamente fiel a la realidad ni bien visto por el estándar de los derechos humanos.

Muchos países han hecho un esfuerzo para regularizar ese tema. La Unión creó el RGPD o “Reglamento General para la Protección de Datos” (“General Data Protection Regulation, en inglés), mientras que en Australia existen proyectos para obligar a Facebook y Google a pagarle a los medios de prensa por los contenidos compartidos en sus plataformas. Vale preguntarse si es necesario hacer más que eso para romper con ese modelo dominante de negocio. La duda reside en si las empresas son las entidades correctas para liderar ese cambio.

Ethan Zuckerman, profesor de políticas públicas, comunicación y datos de la Universidad de Massachusetts y fundador del Instituto por la Infraestructura Digital Pública dice que las marcas muchas veces actúan de maneras que los gobiernos no pueden o no quieren seguir.

Por ejemplo, después del terrible atentado en el colegio Marjory Stoneman Douglas, en Parkland, Florida (EEUU), los estudiantes de la escuela trataron de hacer que las autoridades cambiaran las leyes de compra, porte y manejo de armas en ese estado. Sin embargo, tuvieron mucho más éxito presionando a compañías como Dick’s Sporting Goods y Wal-Mart, que aceptaron dejar de vender armas de nivel militar en sus tiendas para ayudar a la causa.

“Los líderes se preocupan por los negocios y con eso muchas veces logran mantenerse ajenos a la lucha política entre izquierda y derecha. En ese espacio que se abre, los negocios toman la delantera y dirigen la narrativa”, dice Zuckerman.

El hecho de que una compañía tenga una posición más firme sobre cuestiones sociales y políticas también puede ser una ventaja competitiva a la hora de reclutar talentos, principalmente cuando hablamos de las nuevas generaciones, donde las personas le dan cada vez más importancia a trabajar en empresas que compartan sus valores personales. En 2018, el informe de tendencias de LinkedIn reveló que el 86% de los Millennials y el 71% de todos los profesionales encuestados aceptarían menos dinero por trabajar en una compañía con esas características. Zuckerman apunta como ejemplo el caso de Salesforce, una empresa que se aprovecha de esa dinámica y enfoca sus esfuerzos en el uso responsable de la tecnología y en el llamado stakeholder capitalism: un sistema en donde los empleados y los consumidores tienen prioridad por sobre los accionistas.

“Me pregunto si veremos más corporaciones posicionándose y luchando por cuestiones sociales, permitiendo que sus empleados se organicen y realmente se comprometan con la diversidad“, afirmó Zuckerman.

Cuando las empresas se ponen en ese tipo de posición ya no están enviando un mensaje solamente al público, sino también a sus competidores y a todas las personas que pueden trabajar en esa compañía en el futuro

Ethan Zuckerman, Profesor asociado de Política Pública, Comunicación e Información en la Universidad de Massachusetts

La ética y la empatía del futuro

Sea por apoyar a la democracia o por propagar prácticas tecnológicas responsables y sostenibles, asumir una posición de activista dentro del ambiente laboral es algo que debe ser tomado muy en serio. Es necesario tener una ética elevada y mucha empatía, dos aspectos que no suelen estar señalados en el currículum de un científico de computación o un ingeniero. Por eso, las empresas deben encontrar nuevas maneras de educar y capacitar a sus colaboradores.

Sarah Drinkwater, directora de tecnología responsable de Omidyar Network, apunta a su Ethical Exploreruna guía gratis creada por esa compañía que es el punto de partida ideal para aprender a identificar comportamientos problemáticos dentro de la organización y encontrar espacios para abrir debates y crear soluciones.

Drinkwater trabajó como periodista y académica antes de comenzar su carrera en la industria de la tecnología. Ella dirigió el Google Campus de Londres antes de entrar en Omidyar Network por lo que conoce tanto el pensamiento académico como el corporativo y aún siente que ambos están demasiado distantes entre sí.

“El mercado y la academia definitivamente no hablan el mismo idioma. Las capacidades de las empresas de tener un impacto positivo en la sociedad son gigantes. Sin embargo, muchos trabajadores del área de la tecnología entraron en esa conversación hace poco, mientras que en la academia ese es un tema discutido desde que los profesores de hoy eran alumnos de universidad”, dice Drinkwater.

La especialista afirma que eEthical Explorer es una herramienta creada para ayudar a que las personas que no tienen una base teórica en Ética puedan encontrar maneras de iniciar este tipo de conversación. A partir de eso, los equipos pueden sacar sus propias conclusiones y tratar de generar cambios”. 

Por su parte, Ballou-Aares recomienda que los líderes de las empresas que quieran estar más involucrados socialmente pueden empezar de a poco, dentro de sus barrios, ciudades y regiones, donde los gobernantes generalmente no poseen tanta experiencia en tecnología ni en ciberseguridad: “Las compañías pueden, por ejemplo, tener un rol importante en combatir las noticias falsas y a la desinformación, así como fomentar el voto y la participación política”, explica.  

Combatiendo el autoritarismo

El científico político Larry Diamond, especialista en estudios sobre el autoritarismo de la Universidad de Stanford, argumenta que las empresas tienen la capacidad de luchar contra la cleptocracia alrededor del mundo. Diamond cree que apoyar el periodismo independiente y las ONGs que trabajan para exponer casos de corrupción y gobiernos autoritarios puede ser un buen comienzo.

“Las mejores respuestas contra la cleptocracia generalmente son vistas en los mismos países donde esos regímenes se originaron. Pero eso demanda mucho más que apenas algunas personas valientes y dispuestas a luchar. Necesitamos trabajar más para apoyar a la primera línea, a los defensores que realmente se posicionan en favor de la Ley y de la democracia”, escribió Diamond.

El especialista resalta al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, la coalición de 267 periodistas que publicó el famoso caso de los Panama Papers, como un ejemplo de una organización que es apoyada por compañías en todo el planeta.

La confianza pública en las marcas también puede servir para respaldar decisiones difíciles y polémicas por parte de esas empresas: “Hemos visto que Facebook está cada vez más cómodo para contraatacar y restringir la propagación de fake news y desinformación. La pandemia nos dio algunos buenos ejemplos de eso y no vimos al público contestando y alegando una falta de libertad de expresión o cosas de ese tipo, como se podía esperar. Así que estoy curioso para descubrir si este movimiento sigue adelante”, afirma Zuckerman.

Drinkwater es otra especialista que también apunta los esfuerzos de Facebook y la manifestación del Business Roundtable sobre la invasión al Capitolio como pasos dados en la dirección correcta. Más allá de eso, las juntas de las compañías tienen que estar dispuestas a actuar, de lo contrario ese tipo de posición puede ser vista más como una acción de relaciones públicas que como un esfuerzo genuino para apoyar a la democracia.

“Los CEOs más inteligentes son aquellos que saben sentir el ambiente, prevenir los próximos movimientos y hacer las preguntas correctas sobre cuál es el rol que deben cumplir dentro de la democracia”, dice Drinkwater. “Pero ese tipo de decisión exige un nivel alto de entrega y una preocupación verdadera. Los CEOs deben preocuparse y ocuparse de verdad para que sus decisiones realmente tengan un impacto relevante”, finaliza. 

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